Del arcoíris a la protesta: Orgullo LGTBIQA+ como lucha política

Junio llega cada año con un aire festivo, lleno de colores, banderas, encuentros, y sí, también contradicciones. El mes del Orgullo LGTBIQA+ se ha convertido en una cita marcada en la agenda institucional y mediática, pero este 2025 muchas personas lo han notado: hay menos campañas, menos marcas sumándose, menos arcoíris en escaparates.

¿Significa eso que hemos avanzado o que estamos retrocediendo?

La respuesta no es sencilla, pero lo que sí está claro es que el Orgullo sigue siendo más necesario que nunca.

Orgullo LGTBIQA+: entre la celebración y la resistencia

Aunque en muchas ciudades el Orgullo se viva como una fiesta, su origen es profundamente político. La primera marcha no fue un desfile, fue una revuelta. Stonewall no fue una celebración, sino una respuesta a la represión policial y al odio sistemático. Y hoy, con discursos de odio creciendo en la política y en los medios, con derechos que retroceden y con colectivos perseguidos, el Orgullo sigue siendo una herramienta de resistencia.

No es casual que muchas marcas hayan preferido este año mantenerse al margen. En un contexto donde ser aliade tiene un coste político, se pone en evidencia lo que tantas veces hemos denunciado: el pinkwashing no es compromiso, es marketing.

Pero nuestro orgullo no depende de ellos.

Cuando ser visible es un acto de valentía

En muchos países del mundo aún se criminaliza a las personas LGTBIQA+. En demasiadas ocasiones, salir del armario sigue suponiendo un riesgo. Las agresiones por orientación o identidad no han desaparecido, y los derechos de las personas trans están siendo constantemente cuestionados.

Por eso, más allá de las pancartas y los lemas, el Orgullo es también memoria y resistencia. Es la memoria de quienes lucharon antes que nosotres. Es la resistencia de quienes se niegan a esconderse. Es el grito colectivo de quienes exigen vivir sin miedo.

¿Y las disidencias? BDSM, no monogamias y otras formas de amar

Cada año, algunas voces intentan cuestionar la presencia de prácticas disidentes dentro del movimiento LGTBIQA+. Critican que personas BDSM, no monógamas, queer kink o con corporalidades no normativas participen en las marchas. Nos acusan de “dar mala imagen”, de “perjudicar la causa”, de “exceder los límites de lo aceptable”.

Pero conviene recordar algo fundamental: el Orgullo no es un premio a la respetabilidad. Es una lucha por la libertad.

Los derechos sexuales no son solo el derecho a casarse o formar una familia tradicional. También son el derecho a explorar el deseo sin culpa, a vivir relaciones no normativas, a salir de la lógica del binarismo, de la monogamia obligatoria o de la sexualidad reproductiva.

Las personas BDSM, las que practican no monogamias éticas, quienes desafían las normas de género o del cuerpo, también forman parte del movimiento LGTBIQA+. Y también somos objeto de estigmas, patologización y violencias.

Orgullo todo el año: de la visibilidad a la transformación social

El Orgullo LGTBIQA+ no puede reducirse a un evento puntual ni a una imagen en redes sociales. No es solo una marcha en junio ni una excusa para campañas publicitarias arcoíris. El Orgullo es una práctica cotidiana, un posicionamiento político y una forma de estar en el mundo desde el deseo, la dignidad y la resistencia.

Reivindicar el Orgullo todo el año significa cuestionar las normas que nos oprimen, tejer redes de apoyo y seguir construyendo espacios donde quepamos todes. Porque nuestras existencias, nuestras formas de amar, nuestras sexualidades y vínculos no normativos siguen siendo motivo de rechazo, exclusión o violencia.

El Orgullo como memoria

No partimos de cero. Somos parte de una historia colectiva de lucha, resistencia y valentía. Honrar el Orgullo es también recordar a quienes nos precedieron: a quienes abrieron camino enfrentando represión, a quienes lo dieron todo por un futuro que hoy habitamos, a quienes seguimos perdiendo por violencia, estigma o abandono.

El Orgullo como autocuidado colectivo

Frente a un sistema que nos individualiza y patologiza, el cuidado entre nosotres es una forma de rebeldía. Sostenernos, acompañarnos, sanar en red… también es político. Porque no todas sobrevivimos igual, y muchas veces lo que nos salva no es la tolerancia institucional, sino los afectos y la comunidad.

El Orgullo como lucha

Aunque algunos discursos intenten convencernos de que “ya está todo conseguido”, lo cierto es que las agresiones siguen, los derechos se cuestionan, y muchas realidades LGTBIQA+ continúan invisibilizadas o excluidas. Desde las personas trans hasta quienes practican BDSM o viven amores no monógamos, aún hoy no es seguro ser, mostrarse o desear libremente.

El Orgullo como celebración

Celebrar también es resistir. Nuestras cuerpas, nuestras identidades y nuestras formas de amar merecen fiesta, gozo y alegría sin culpa ni vergüenza. Porque cada acto de visibilidad es también un acto de afirmación: estamos aquí, existimos, nos cuidamos y nos deseamos fuera de la norma.

Reivindicar el Orgullo todo el año es apostar por una transformación social real.

Una que parta de nuestras cuerpas, nuestros vínculos y nuestras comunidades. Una que no se conforme con ser “tolerada”, sino que quiera cambiarlo todo.


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